Otitis onírica

“Otitis onírica”   5 de Octubre 2008

 

    Aliviado el dolor por un ratito, la meserita ignoró zumbidos, voces y timbres. Por fin, después de una semana ambientada por agudos relámpagos dentro y fuera del oído izquierdo; benzocaína, analgésico y cortisona surtieron efecto.

 

    Dormir, dormir, dormir y distraerse en el ocaso. La meserita sonrió discreta y se entregó a los brazos de Morfeo.

 

     Para dar seguimiento a nuestro relato, tomaremos el texto a continuación, como precepto explícito a las oníricas experiencias de la Meserita.

 

Los nuevos avances en el conocimiento de la fisiología del sueño demuestran que los sueños no carecen de sentido ni son formaciones aleatorias de imágenes sin sentido. Por el contrario, al parecer los sueños son productos mentales llenos de significado, como los pensamientos o las ensoñaciones diurnas. Expresan deseos, miedos, preocupaciones y obsesiones del individuo, por lo que su estudio y análisis de contenido pueden ser útiles para revelar ciertos aspectos de su funcionamiento mental; ya lo apuntaba Freud en sus trabajos pioneros en este campo de la psicología, cuando postulaba el análisis de los sueños como la ‘vía regia’ para conocer la estructura psíquica de sus pacientes.

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      Sumergida entre almohadas, la Meserita de la post guerra experimentó vívidas imágenes mientras dormía.

      Estaba en una casa muy sucia y descuidada, tres hombres platicaban con ella y compartían vodka azul y embotellado. En repetidos momentos, uno de ellos abandonaba el asiento y corría a observar sigiloso a través de la ventana. La meserita sabia que ellos pertenecían a la mafia, pero esto en lugar de asustarle, le provocaba tremenda curiosidad.

 

     El calor intenso no resultaba desagradable porque sin que los sujetos se percataran, la meserita los interrogaba a nivel de Pulitzer y bebía  argumentos, códigos, reglas y principios, como quien admira una obra de caridad. Ella navegaba con la mafia y amablemente obedecía; escondiéndose en un cuarto aledaño cuando la palabra “operativo” provocó conmoción y nerviosismo.

 

   Previo al ritual de oscurecer la estancia y hablar quedo, dos de los hombres discutieron porque aparentemente las cifras no concordaban y tendrían que pagar la mercancía perdida de alguna manera. Las palabras más sucias inundaron el espacio, el lenguaje más soez hizo las veces de adjetivo y la meserita… esperó paciente; recargada sobre un bote lleno de cal.

 

     Cuando la calle perdió el sonido de “convoy”, uno de los comerciantes la acompañó hasta la avenida. Ella dijo adiós y agradeció la velada. Entonces un piquetazo en el tímpano le robó la calma y despertó; acomodando la cabeza de lado para aplicar otra dosis de gotas al oído.

Otis Redding/I’ve got dreams to remember

~ par Dignité sur octobre 11, 2008.

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