Lección número 32

Ayer aprendí que la calma es una buena compañera, que la incógnita no siempre es mala, que todavía hay gente buena en el mundo, que las casas pueden tener más de dos escaleras, que las iguanas son dóciles si les masajeas el cuello, que las ratitas duermen mucho porque piensan mucho durante la noche, que los verdaderos amigos me necesitan porque me quieren y viceversa, que el camino al sur es más bonito de lo que imaginaba, que recordar es una forma de afianzar conocimientos y que “once a liar… always a liar”.

  Amén

~ par Dignité sur mars 28, 2008.

4 Réponses to “Lección número 32”

  1. “once a liar… always a liar”…

    Una vez me dijeron que el que te peguen por primera vez es culpa de nadie; el que te pega no sabía y tu no lo esperabas… sin embargo el que te peguen por segunda vez ya es nuestra culpa… no del que te pega, si no de nosotros por que ya estábamos advertidos…

    Y sin embargo, creo en las segundas oportunidades… más no a veces en las personas…

    ¿Qué pasaría si supiéramos reconocer a las personas desde el principio? Poder tirarles una directriz hacia atrás y hacia delante… y no me refiero a saber si trabajan en una obra por el polvo en sus zapatos, o si son trabajadores de cosas pesadas, por la aspereza de sus manos… Me refiero a saber ver… yo aprendí hace poco, que los ojos nunca mienten… y que la mayoría de las veces sabemos que puede hacer o hasta dónde nos llegará a mentir cada persona… aunque muchas veces por diferentes razones nos quedamos callados y hacemos caso omiso de los señalamientos…

    En fin… yo descubrí que sí quiero que no me mientan, debo entrar al bosque como un habitante más, no como un hombre… si entras caminando como lo harías en la ciudad, los animales no reconocen el sonido de tus pisadas y se alertan ante la posibilidad de un enemigo… y entonces te pierdes de la belleza completa del bosque…

    También en el bosque de la vida creo que se debe entrar con un andar especial… sobretodo con tu tambor tocando, tu flauta soplando y la maraca en mano…

    Pero supongo que eso ya lo sabes… por que tu “maraca” resuena como la mente más aguda… tu “tambor” es tan noble como el corazón más amable… y tu “flauta”… mmm creo que me voy a reservar para ti el derecho de decir, de qué color es el sonido de tu alma…

  2. Fui muy de bosques… también de hadas y unicornios; es verdad que los ojos hablan a veces sin pestañear siquiera, pero me he topado con ojos que no titubean en su andarse de pupilas deshonestas. Pero ¿debería esto resagarme al mundo de la No creencia? No. Deseo tanto pensar en que si hablo de belleza interior, escucharé un comentario que coincida porque en realidad quiere coincidir y de corazón siente si no igual, muy parecido. Lo que no me gusta es la venta de transparencia cuando el agua es más turbia que nunca… eso decepciona. Las maracas están palpitando; fuertes para recibir la luz de un lunes feliz…

  3. Comprobado está. Avecilla Libre nos trajo noticias y de nuevo no estamos sorprendidos. La naturaleza de ciertos seres no cambia ni se modifica, buscan envolver y aparentar porque les es muy imteresante ver que algunos espectadores caen en el camino… pero la escencia se queda; sobre todo cuando el afán es hacer daño, probablemente porque se sienten profundamente dañados en sí y de eso no se han logrado alejar.

    Dignidad

  4. […] Lección número 32   […]

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