El precio de una risa

Recuerdo que una vez me hizo reír a modo psiquiátrico que alguien (que en aquél tiempo yo decía y sentía amar) dijera:

“¡Toquen una tartaleta!” –se refería a la tarantella italiana… No paré de reír y desde ese momento hasta… bueno, eso ya no lo recuerdo; no recuerdo hasta qué momento fue que cada vez que lo decía (a propósito) yo me desternillaba, como lombriz verdaderamente a carcajada limpia. Cuando reía de esa forma, la talla no importaba, había luz como en la niñéz y eso resultaba invaluable…

 

    Lo extraño del asunto es que el precio de la risa sube, va subiendo e inflándose a tal grado que conseguir una es cosa del mercado negro y yo ya no le hago a eso. Pero a pesar de los dolorosos acontecimientos que han dejado severas cicatrices en mis días… últimamente las risas no me las han cobrado tan caras y han nacido (casi todas) por culpa de alguien en específico; digamos que han sido provocadas sin decir “agua va” y eso… no tiene precio, yo no sé cómo agradecerlo.

 

    Un soliloquio nocturno y nada más.

 

El Roble

El mañana salvaje

Una cosa lleva a la otra Ophelia o a la otra, Ophelia.

~ par Dignité le juin 10, 2008.

2 Réponses to “El precio de una risa”

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